8 sept. 2013

Ansiedad

Salió por la ventana. El aire molestaba, la luz del sol cegaba unos ojos acostumbrados a soñar con ser libre. La humedad recorría sus huesos y provocaba escalofríos a lo largo de su espalda. Desconocer lo que se le venía encima creó una inseguridad que bloqueó su sien, paralizó sus piernas y otorgó una extraña rigidez a sus dedos. 

Paralizado conoció la ansiedad, una sensación extraña que nunca se asomaba en la oscuridad de una celda impuesta. Quizá autoimpuesta. No estaba preparado para el aire puro y la crudeza de lo real. Sabía que le perseguían, que le buscaba una horda de carceleros que le habían torturado con una disciplina férrea y dolorosa. 

Se quedó inmóvil, miró hacia atrás y dio una paso. El primer paso hacia un mundo que ya había vivido, que ya conocía y del que no recordaba nada. Un millón de recuerdos se entremezclaron, proyectándose en la oscuridad de su ceguera. ¿Qué era real en todo aquello? Todo se mezclaba, aun sabiendo que todo lo que recordaba era cierto se planteaba cuánto no habría de invención en las imágenes que iban pasando sin orden. Añoraba el pasado sin saber si lo idolatraba o sencillamente había sido tan feliz antes de conocer aquella celda. 

El segundo paso le hizo plantearse si merecía la pena afrontar un tercero.


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