22 sept. 2012

El viaje

Hay que despegase de los "totems" materiales que nos impregnan, nos enganchan y nos anclan a este mundo sustancial, superficial y mediocre, en el que sólo existe el sufrimiento y el dolor como sentimientos puros que, en algunos estados de semi-incosciencia, pueden llegar a ser intercalados con alguna sonrisa circunstancial.

Esa mañana tenía un fuerte dolor de estómago que le había acompañado toda la noche y prácticamente no le había dejado dormir. Con ese extraño estupor que produce la duermevela se sentó en el váter cuando comenzaba a salir el sol. Durante cuarenta y cinco minutos sintió que no podría levantarse nunca, ya que estaba tirando todo lo malo que había en él. Ese sentimiento se fue diluyendo y acabo por tornarse en una ligera volatilidad estomacal que insufló un estado permanente de paz al resto de su organismo.

Cuando terminó se impulsó levemente en los laterales de la tapa y cuando fue a estirarse para ponerse de pie  sintió que algo se lo impedía. Tenía el techo en la cabeza y estaba volando. Cuando un hombre sueña, deja a un lado todos los vínculos materiales y sentimentales, perdiendo el miedo que lastra la vida de todos los que se rigen por la rigurosa legalidad del presente. Él lo había perdido esa misma mañana. Lo había dejado en el váter, donde los mortales tiran todo aquello que les sobra de dentro.

Salió por la ventana y comenzó a volar. Cuando miraba hacia arriba veía las nubes cada vez más cerca, cuando miraba hacia abajo veía su casa cada vez más lejos. Dentro, el humo que salía por la chimenea del extractor delataba a su madre, que estaría preparándole la comida a él y a su padre, que trabajaba ocho horas diarias para llenar la nevera. Mientras volaba se extrañó, pues no sentía remordimiento o preocupación alguna por no llegar a tiempo a la comida. Hoy no.

Se vio rodeado de nubes. Allí no había ángeles, palomas, querubines ni divinidades. Nada era como le habían enseñado. Solamente humedad, que le iba mojando la cara mientras atravesaba campos de niebla formado por unas minúsculas gotas heladas que desataban sus sentidos al contacto con la piel.

Notó que le faltaba el aire, pero pronto perdió la ansiedad que le producía el no poder respirar y se acostumbró a no necesitar el aire para sobrevivir. En los sueños las necesidades realmente primarias, como comer, dormir o respirar, dejan de ser necesidades y pasan a ser opciones, las cuales puedes coger o no coger. 

Cuando alcanzó una altura prudente pudo ver como el planeta se destruía. Ya debía ser diciembre, el paso del tiempo es algo muy laxo en los sueños, por lo que los Mayas tenían razón. Vio salir algunas naves espaciales segundos antes de que todo estallara, que pasaron por al lado suya, saludándole desde las ventanillas algunos de los elegidos.

Cuando miró al frente cayó en la cuenta de que se dirigía hacia el Sol. Comenzó a sentir el calor, pues hay sentimientos y astros contra los que no se puede luchar ni en sueños. El fuego le rodeó. Al principio lo notaba en la piel y poco a poco fue metiéndose a través de su ombligo. Llegó al estómago y de ahí comenzó a distribuirse por el resto del cuerpo. Pies, manos, cuello, cabeza... ojos, cuando llegó a los ojos todo se volvió negro. 

No hubo dolor, fue un parto fácil. Cuando abrió los ojos estaba en su planeta, su casa, su cama.  







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3 comentarios:

  1. cagar ya no será lo mismo, ahora que existe la posibilidad de salir volando... aunque sea en sueños. Muy revelador :)

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  2. Bueeeeno, eliminar la mierda (literal y metafóricamente) siempre le ayuda a un@ a andar más ligero. (parece un anuncio de yogures esto)
    Mola el video de Albert Pla ;)

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