19 feb. 2012

La duda

Siempre había sido un buen católico. Había rezado, comulgado, confesado e incluso había cargado con algún que otro trono de vez en cuando. Había ido detrás del ideal de vida que planteó Jesús. Humilde, agradecido. Una buena persona. 
A principios de 2008 tuvo varios problemas. Se quedó en paro, su casa se cayó abajo por una colina ya que estaba construida sobre una falla sísmica de 200 metros de longitud, su mujer le abandonó por el cura y el perro le mordió por intentar cambiarle la marca del pienso. 
Tras este desastre perdió seguridad en la fe. Dejó de ir a misa, dejó de rezar, comulgar y confesarse. Sin embargo empezó a creer en el karma. Eso de que toda buena acción tiene su recompensa. Recordó que en segundo de Educación General una vez le pegó a un perro. Recordó también pequeñas peleas y algunos malos pensamientos que había tenido a lo largo de su vida. Comenzó a pensar que, quizás, todo lo que le estaba pasando viniera a consecuencia de aquellos malos actos. 
Enfrentar sus sentimientos católicos a las nuevas ideas de origen hindú generó un conflicto intenso en su cabeza. La soledad en la que se había visto envuelto tras el abandono de su mujer y el mal genio de su perro, que le mantenía retenido en la nueva casa que había alquilado, le llevó a plantearse seriamente cuál de estas corrientes sería la real. 
Un buen día cogió la escopeta de su padre. La cargó con ocho cartuchos y salió a la calle. Le pegó un tiro al perro no sin cierto gusto. En su camino se encontró a varios vecinos y dos gatos. Todos murieron bajo el fuego de la duda. Cuando se quedó sin balas regresó a casa. Si las leyes del karma realmente regulasen el universo debería aparecer la policía y detenerlo. Si lo que realmente funciona es el eterno perdón del narrador de la parábola del "hijo pródigo" lo único que debería ver pasar es el tiempo.

El espejo


El espejo seguía gritándole:

- ¡Gordo!, ¡feo!, ¡inútil!...
Mientras, él se empeñaba en intentar que no se despertara su mujer, que seguía dormida en el cuarto de al lado y por lo visto bajo el efecto de los tranquilizantes que se había tomado la noche anterior. Suponía que para poder soportarle un día más. Cerró la puerta y subió el volumen de la radio para intentar disimular los gritos insultantes y humillantes que se repetían a diario y que cada vez sonaban más alto.

Se afanaba en afeitarse lo más rápido posible para evitar que sus hijos y los vecinos comenzaran a quejarse de unos gritos que ni siquiera estaba dando él, pero que sonaban con su voz. Conforme se consideró preparado para presentarse en la oficina salió a ver si la cafetera había terminado de bullir.

La cristalera le gritó estúpido y el metalizado del frigorífico le dijo que nunca llegaría a ser nada porque además de calvo estaba fofo. Se preparó el café y salió corriendo con la esperanza de que nadie se hubiera despertado. Es una suerte que tenga que coger camino al trabajo tan temprano porque no hay nadie por las calles que tenga que ver como las ventanas de los coches le llamaban fracasado, alcohólico y demás improperios.

Los retrovisores no fueron más amable y comenzaron a recordarle todos y cada uno de los momentos humillantes que había tenido que vivir. Desde que cuarto de primaria se le cayeron los pantalones en mitad de la clase hasta lo de aquella chica que acabó con una cita rompiéndole un vaso de cubata en la frente o cuando se dio de frente con una farola en la puerta del Corte Inglés un día de rebajas. Cada uno de estos recuerdos salía de los tres espejos que además de mostrarle lo que le venía por detrás les recordaba los recuerdos que le perseguían.

Las tres voces a la vez creaban una extraña polifonía que entraba directamente en su cabeza sobrepasando cualquier filtro de racionalidad. Tanto estrés comenzó a hacer mella física en su cuerpo y un nervio incesante se instaló en su estómago, que comenzó a remover el café que acababa de tomarse sin dejar muy claro si se estaba haciendo de vientre o simplemente estaba histérico. 

16 feb. 2012

El beso

Una pianola ponía la banda sonora al momento. Justo cuando él sonreía le cerré la boca con un beso que se alargó toda la noche, que le sorprendió la mañana y que siguió al atardecer, que continuó con la noche y que le volvió a sorprender la mañana. La cuestión es que al terminar tuve sed y cambié la canción.

14 feb. 2012

Calcetines

Los calcetines representan un tránsito. Son un punto intermedio entre la pantorrilla y el pie. Un subrayado que deja iluminada el tendón de aquiles del ser humano: las canillas. Con ese nombre ya deben de dar risa. Somos tan ridículos, y tan conscientes de serlo, que nos cubrimos con seda, cuero o algodón de arriba a abajo con la intención de tapar algo tan nuestro que no se nos ocurre otra forma de llamarlo que "nuestras vergüenzas". Vergüenza de lo que somos, de lo que estamos hechos.
Los calcetines por su parte cubren el tobillo, eje que transmite el movimiento al resto del cuerpo. Deben quedar libres para permitir el movimiento. Dejan al descubierto la parte más vulnerable y sumisa del hombre: sus pies, los mismos que le separan del suelo. Los que pisan la mierda y la miseria que se acumula en las calles.

9 feb. 2012

La palabra

A veces se atragantan las palabras. A veces hay que sacarlas, rápido, con fuerza, con la esperanza de que la violencia del acto sirva de catarsis para el cuerpo corroído con el que nos ha tocado cargar. Ni siquiera una lágrima calma nuestra esencia de la forma en que lo hace una sencilla palabra, aunque quizá no hay palabras sencillas. 
Puedes perder la fe en quien eres, en quien quieres ser o en lo que te rodea, pero reconforta saber que la palabra te acompañará. Maltrecha, maltratada y perversa, pero nunca abandonada. 

6 feb. 2012

Resignación

- ¡Lo siento chaval!, esto es un empleo. Aquí no se viene a ganar dinero, ¡aquí se viene a trabajar! Si lo que querías era hacerte rico haberte dedicado a algo más lucrativo como... la política o la lotería.

4 feb. 2012

El silencio

No soporto el silencio. No el de una mirada ni el que impera tras la soledad de un llanto. No soporto el silencio del grupo, el de una pregunta lanzada al frente y que no obtiene respuesta ni reflexión. No me creo que nadie tenga nada que decir. ¿Acaso nadie sabe nada? incluso el desconocimiento engendra una nueva pregunta. Jamás hay que comerse la duda.
En un grupo de veinte o ante cuarenta millones, he nacido con la convicción de que toda acción tiene una respuesta y toda respuesta tiene su raíz en una pregunta que, por estúpida que sea, apela al receptor que nunca debe quedarse callado. 

2 feb. 2012

El espejo

A veces miraba por la ventana y se sonreía. En el reflejo veía a su alter-ego, su yo perverso que le hacía muecas. Al principio, con la inocencia de la infancia, llegó a pensar que eran bromas, se las tomaba como algo gracioso. Cuando tomó conciencia de sí misma supo realmente qué estaba pasando. El reflejo del cristal le enseñaba la cara de la muerte. El blanco pálido de su piel contrastaba con unos ojos ennegrecidos y unos labios de un fuerte color carmesí. Medio putrefacta y roída por los gusanos parecía sonreír cuando se miraba.
La primera vez que se fijó sintió pánico. Lloró durante horas e incluso algunos días más tarde tuvo algún que otro brote.
Con el tiempo comenzó a evitar los espejos. No soportaba verse así. No podía mirarse sin estremecerse, por lo que decidió dejar de peinarse cada mañana. Pasaba de largo frente a la bañera y recorría el pasillo a su cuarto sin pasar por el momento sagrado del peinado. Perdió el trabajo sin saber muy bien porqué. El jefe alegó pérdidas en la empresa, pero ella sabía que era su aspecto.

1 feb. 2012

A tener en cuenta!


Reload

Cuando el negro de los cuervos te adentre en la noche. Sólo entonces deberás plantearte qué quieres. Una vez que lo sepas te queda por responder a la única pregunta que debe guiar tus pasos; ¿dónde quieres llegar?. Únicamente del destino depende tu camino... Será difícil, pero eso es vivir. 
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