24 ene. 2012

Escombros del futuro

Nadie nos ha enseñado a sufrir. Ni siquiera el estereotipo desgastado del bonito cadáver que ha sido la vida de los miembros del "club de los 27", ejemplo de flagelación en pos de la historia y únicos iconos culturales del nuevo siglo que hace una década que recorremos. No sabemos qué es el hambre ni la guerra. No sabemos que es la injusticia ni el rencor. Tan sólo vamos viviendo, viéndolas venir, llegar, aterrizar sobre nuestras cabezas procurando sonreir en cada paso. 
La televisión, vista como la ventana al mundo que en otra época pudo haber sido la religión, cualquier día de la semana nos emplaza a sentir muy dentro cosas que la historia juzgaría como sencillamente estúpidas. Somos el corral más grande que ha existido, una mezcla inerte que avanza a través de los años sin llegar a aterrizar en el suelo, sin pisar tierra firme. 
Incapaces de firmar nuestra década nos movemos en este trance que es el purgatorio de la realidad y el infierno de la carne viva. Sin destino nos movemos entre tiernos adolescentes inacabados, capaces de justificar sus propios actos para no recibir castigo. Esta vez a Caperucita no se la comió el lobo. En este siglo no hay rostros en los altares, no hay lugar para el honor, no hay modelos para una escultura, no hay redención con la muerte ni caminos para la justicia. 
Somos rebaño, somos escombro y estamos desfasados para afrontar el futuro que no cesa.

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